AMLO, el aeropuerto, los migrantes…¿y los damnificados de Nayarit?

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

Unos vientos de una llamada Willa, acompañada de bíblicas inundaciones en el norte de Nayarit, nos distrajo absolutamente nuestra atención. Apenas salimos del ostracismo y nos ubicamos en un actual y real país kafkiano, donde obras, riendas y conciencias la mueve una selecta clase política.

Solo en nuestro México ocurre que el gobierno del momento dedica años, cinco o diez años, a levantar estudios de todo tipo, diseñar proyectos y conseguir financiamiento para una gran obra como lo es el llamado NAICM (Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México), pica y quita piedras, construye cimientos, gasta en la infraestructura, firma millonarios compromisos con proveedores, y llega el futuro nuevo gobernante y decide destruir lo construido.

En uno de los dos viajes a Tecuala y sus comunidades en los últimos cinco días, saludamos a un viejo amigo, paisano y residente ahora en Zumpango. Fue obligado el tema del aeropuerto en sitio desconocido por nosotros pero familiar para él, un campo militar “Santa Lucía”. El paisano votó por Andrés Manuel López Obrador pero reprueba su decisión de construirles en el “patio” de su casa un nuevo aeropuerto. Advirtió que el ruido acabará con la tranquilidad, que una obra de ese tamaño es condenarlos a abandonar sus casas. En el saludo informal nos adelantó que los vecinos ya discutían organizarse y protestar hasta echar para atrás el plan de construir en el campo militar un aeropuerto que solo les dejará contaminación y anidar en sus barrios a delincuentes. Un noticiero nacional dio detalles este jueves de una incipiente movilización en contra de las pretensiones de López Obrador.

En el norte de Nayarit no padecen de total incomunicación. Se quejan y no entienden por qué la construcción de una obra atrae todos los reflectores y el gobierno federal los abandona. Mientras las atenciones y preocupaciones, de los morenos lopezobradoristas, empresarios y funcionarios del gobierno –por despedirse en un mes- se desviven por defender el aeropuerto de Texcoco o el de Santa Lucía, aquí a dos o tres cientos de kilómetros unas 200 mil personas luchan día a día por medio comer entre malolientes lodazales.

Ese es su malestar que les indigna. No alcanzan a entender y reprueban que los medios masivos de comunicación, radio y televisión, los ninguneen. Dan toda la cobertura a la marcha de unos cuantos miles de centroamericanos que usan de trampolín el territorio nacional rumbo a Estados Unidos y regateen la tragedia que viven en Tuxpan, Rosamorada, Acaponeta y Tecuala.

Entonces, con la capacidad de raciocinio no nos es suficiente para aceptar como algo inteligente la construcción de una obra y con que los nuevos gobernantes, con la mano en la cintura se apresten a destruir lo ya construido. Por donde se vea, eso es tirar dinero a la basura. Pero no es cualquier dinero. No es dinero de esos gobernantes. (Para ellos) Es dinero ajeno. Simple, es dinero del pueblo y por eso a los políticos no les pesa ni le importa echarlo al cesto de la basura.

Lo del aeropuerto es una historia repetida y recurrente en un estado y en cualquier municipio del país. A veces sucede con gobernantes del mismo partido. El que se va, deja inconclusa una obra y el que llega la destruye o se desentiende de ella, la deja sin terminar o la abandona. Son los llamados “elefantes blancos”.  Obras puras de un revanchismo político cuyo costo es costoso e incuantificable para el pueblo.

Por otro lado nos resulta inobjetable la argumentación esgrimida por los lopezobradoristas y el propio presidente electo. Ni duda cabe que alrededor del costo nuevo aeropuerto se fraguaron negocios alternos. No pretendamos refutar señalamientos de haber privilegios en contratos con empresas y proveedores del NAICM. Al fin y al cabo la clase política nacional está habituada a los negocios en torno a cualquier gran obra de gobierno. No es ningún invento el mito de los diezmos al construir, a las empresas, los inversionistas. Eso es real. Existe. Lo cobra el gobernante en turno. Los nuevos gobernantes seguramente creen haber perdido el diez por ciento del equivalente al 30 por ciento de avance de la obra.

El diez de los casi 200 mil millones de pesos, el costo estimado del NAICM es el equivalente a 20 mil millones de pesos. ¿Será posible que funcionarios del gobierno de Enrique Peña Nieto, de éste mismo, se embolsen 20 mil millones de pesos? Nadie dispone de pruebas ni evidencias. Pero sí es real eso del diezmo y de una tarifa hasta superior aplicada a obras públicas. De Mascota nos platicaron esta semana que cierto legislador federal “bajó” diez millones de pesos para una obra con la respectiva “pellizcadita” de tres millones. Es decir, se gestiona la obra de un costo de diez millones de pesos pero serán siete millones de pesos a invertir. Lo que deberá ocurrir es que la obra no se construirá debidamente reforzada, de baja calidad y en un determinado momento representará riesgos y amenazas. Imaginemos si es un puente. Sin dinero suficiente, habrá material de baja calidad y se le caerá. Ahí está el socavón de Cuernavaca.

No nos desviemos. Si es cierto eso de la corrupción invocada por AMLO alrededor del aeropuerto de Texcoco no es descabellado que en medio de esos jaloneos esté el botín de ese diezmo. El discurso de López Obrador es claro.

Don Amlo no ha convencido ir en serio contra la corrupción. La historia habla de que en sus equipos de trabajo ha habido tipos corruptos y deshonestos. “El señor de las Ligas” es uno. El apostador de Las Vegas, Gustavo Ponce, su ex tesorero en el Distrito Federal, fue otro. Esos dos ejemplos no nos asombran. Son políticos, de la clase que han gobernado el país. Como López Obrador.

Pero bien, nosotros vamos aplaudir en principio el discurso y las intenciones del tabasqueño. Ha dicho y ha tomado decisiones para echar a corruptos y en el caso del NAICM, se propone cancelar una obra que despide el tufo de la corrupción. No es en sentido figurado. Ha sido preciso y conciso López Obrador.

Está bien si se decide poner un alto a los millonetas empresarios que han hecho su fortuna de la mano del gobierno. Sin embargo, aquí tampoco logra convencer a todos los mexicanos. Cabe el riesgo de que a esa privilegiada clase de empresarios solamente los sustituyan otros empresarios. La historia ha repetido esta simbiosis. Con el cambio de gobierno, los proveedores o constructores, de un gobernante dejan su lugar a nuevos proveedores y nuevos constructores.

En el caso del NAICM, AMLO no se preocupa por enviar mensajes que siembren confianza. Cuando anunció la cancelación del aeropuerto en Texcoco, a su alrededor había dos prominentes empresarios, el afamado constructor José María Rioboó Martín, y el empresario de Monterrey, Alfonso Romo. El primero ya dijo que su Grupo Rioboó no hará negocios ni participará en nada del nuevo aeropuerto. López Obrador repitió lo mismo. Éste personaje tiene un socio, Sergio Rubén Samaniego Huerta. A los dos se le atribuyen la autoría del libro Sistema Aeroportuario del Valle de México. Por ahí anotan que Santa Lucía carecía de estudios técnicos. Eso no impidió ser promotores. Si Rioboó no pide rebanada en el pastel, su socio Samaniego tiene interés de entrarle. Si son socios, todos ganan. También Rioboó.

Revolcadero

Acá pensábamos que no existía interés en saber noticias en el norte de Nayarit. Hay interés por saber qué ocurre, como está la situación en los pueblos de Tuxpan, de Tecuala. Lo entendemos. La comunidad de avecindados llegados de aquella región del vecino estado crece en Puerto Vallarta. además del sentido y solidario corazón de los vallartenses, los paisanos, familias y amigos de estos no han estimado esfuerzos, tiempo y recursos en ayudar a las familias de aquellos municipios y sus comunidades afectadas por el huracán Willa y las inundaciones. El miércoles, antes de la luz del día, agarramos “callejón” rumbo a Tecuala un grupo de amigos. Iban dos camionetas de carga y dos camionetas grandes “cerradas”. Como nosotros no acostumbramos a exponer tareas de lucimiento personal lo sentimos mucho pero nos ahorramos ofrecer nombres. Quienes nos acompañaron y nos acompañamos, saben nuestros aprecios y agradecimientos por ese gesto. Agradecidos a quienes colaboraron en especie o en efectivo, donativos en pesos y donativos en despensas, en ropa, en medicinas. Cooperamos todos con un poco para paliar la crisis postWilla. El padre Ricardo Carrillo, desde la iglesia del Sagrado Corazón de Tecuala, les envía la bendición. Por nuestro conducto las gracias de familias de Pajaritos y Huajuquilla, hasta donde llegó despensa y ropa donada por vallartenses. A través de la iglesia, más apoyos se entregará en manos de muchas otras comunidades.****** Por cierto, en la carretera rumbo al norte de Nayarit pudimos ver dos o tres camionetas del Seapal cargadas de despensas y otros apoyos. Supimos se dirigían a Tuxpán. También a este pueblo, sede de ya desaparecida Fiesta Abrileña, se desprendió una caravana de camiones con despensas, cobijos, colchonetas, para damnificados.******Una de las redes sociales. El ex regidor, Héctor Gallegos de Santiago armó la gorda cuando publicó un comentario en donde hacía alguna crítica a los regidores de Morena. Aquello giró alrededor de un acuerdo del pleno que autoriza a obtener un préstamo. En honor a la verdad, ni tiempo hemos tenido para indagar algo sobre ese monto. Solo que ese préstamo se destinará a obras y para completar el pago de sueldos y aguinaldos en diciembre. Que Laurel Carrillo no sabe hablar, que los regidores morenos son unos ignorantes. Más o menos eso escribió Gallegos en Facebook. Naturalmente le llovieron críticas. De “ardido” no lo bajaron. Su muro se convirtió en un debate epistolar de chairos y contrachairos. Nos resultó extraordinario el comentario Ramón Casillas. Escribió: “Los regidores que votaron en contra esa solicitud de préstamo tienen tanto valor moral y son verdaderos servidores de la nación que van a rechazar cualquier dinero que pudieran recibir de ese préstamo que rechazaron, el aguinaldo principalmente y sus quincenas, por eso tienen mi aplauso, van a demostrar lo que es trabajar sin interés por el puerto que queremos, yo lo aplaudo”. Quien sepa leer, entenderá a cabalidad al “monero”.

 

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