Candidatos en campaña le ‘sacan’ al tema de la seguridad

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz /

En las últimas fechas, el registro de personas desaparecidas en Jalisco ha sido de tres en tres, extranjeros y estudiantes universitarios, vagos o malvivientes. Algunos son localizados con vida o sin vida. Los más, ni rastros ni indicios pero nada de ello perturba a nuestros candidatos.

En los años precedentes las desapariciones forzadas regularmente eran identificados cual malosos caídos en desgracia; víctimas de un cartel enemigo al de “la plaza”, vulgar ladrón, robacoches o chapulín.

Las estadísticas del año 2017 cimbraron a la entidad. Los índices delictivos se dispararon de un modo que Jalisco es considerado como una de las cuatro entidades más violentas, la cuarta tratándose de homicidios dolosos. En sucesos de alto impacto, los focos rojos están encendidos hace ya casi una década.

El referente en desparecidos no es más optimista. De acuerdo al Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas, durante el periodo 2007-2016, Jalisco es el tercer estado con mayor número de víctimas. Dos mil 390 casos en total. Las autoridades identifican al Cartel Jalisco Nueva Generación como un actor importante.

Estamos por sumar las primeras dos semanas de la campaña para gobernador, senadores y diputados federales. No nos asombra que Ramón Guerrero Martínez guarde absoluto silencio tratándose de la seguridad para los habitantes del distrito 05. Tal pareciera que a él no le interesa promover ninguna ley ni llevar alguna iniciativa de ley, enviar algún mensaje a los malosos, de pretender siquiera endurecer las leyes contra los malosos.

Ya vino el candidato del Partido de la Revolución de Democrática, Carlos Orozco Santillán y como en calidad de turista. No hizo actividades de proselitismo y solo convocó a una rueda de prensa. No hubo palabras en su discurso que indicara su preocupación por la inseguridad de los jaliscienses.

Esta semana vino el abanderado del Revolucionario Institucional, Miguel Castro Reynoso. Otro despreocupado por la ola delictiva que azota a la entidad.

En honor a la verdad no se esperan discursos elocuentes ni que los candidatos a gobernador hagan suya la bandera de quienes claman por un Jalisco seguro. Estos políticos se han deshumanizado. La inseguridad es uno de las demandas de los ciudadanos pero todos rehúyen abordar el problema.

Los registros advierten que se han disparado delitos como el robo de vehículos y con violencia, a razón de 16 por día. Parece y son pocos, pues se trata de datos del año pasado. En un solo mes, septiembre del año pasado, se abrieron 13 mil carpetas de investigación de delitos patrimoniales. Son los que más duele a la sociedad pues pega a su economía.

Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Seguridad, Envipe 2016, el impacto a la delincuencia ascendió a 18 mil 129 millones 108 mil 316 pesos, “por afectaciones materiales, daños físicos y afectaciones a la salud de las víctimas de delito, provocadas por los  delincuentes, y el gasto en medidas de protección”.

Las cifras negras suelen duplicar, y en algunos casos, triplicar, los registros oficiales. La organización Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos Jalisco, (Fundej) ha podido documentar que solo se denuncia una de cada tres desapariciones que suceden”.

La inseguridad, la delincuencia organizada, las desapariciones, el robo y venta de gasolina, todo en su conjunto, es un tema que espanta y asusta, algo prohibido en la agenda de propuestas a quienes aspiran a un cargo público.

A principios de febrero desparecieron tres italianos en Tecalitlán, pueblo del sur de Jalisco que hace frontera con Michoacán. Solo tres semanas después se supo del asunto. Han pasado más de dos meses y nada se sabe de los extranjeros.

No pasó ni un mes cuando se reportó la desaparecieron de cinco estudiantes universitarios, tres de cine, cuyos cuerpos no fueron localizados. Esta semana se informó que a la tía de uno de ellos, se le investiga por lenocinio, algo relacionado trata de personas. Esta semana las alarmas relampaguearon otra vez al conocerse de un nuevo caso, otros tres estudiantes desaparecidos. Un día después los hallaron.

En la escalada de violencia que atrapó a la entidad hace ya casi una década, nadie escapa y se incluyen policías y políticos. Dantescas aquellas sangrientas escenas de la carnicería y muerte de 15 policías estatales el 6 de abril del 2015. Fue hace tres años  y nadie se acordó de ello. Fueron enviados a Puerto Vallarta como parte del operativo de seguridad al turismo y cuando regresaron fueron emboscados en un paraje más allá de Las Palmas.

Alcaldes y regidores, un diputado federal, varios  comandantes y jefes de policía, han sido asesinados en esta batida y duelo entre buenos y malosos. El mero Día de los Inocentes, 28 de diciembre pasado, mataron  al diputado local por el distrito 05, con cabecera en Puerto Vallarta, Saúl Galindo. Había sido presidente municipal de Tomatlán y sería otra vez candidato. En los vecinos municipios, Cabo Corrientes y Tomatlán, varios regidores y ex alcaldes, se suman a la estadística de muertos y desaparecidos. También en diciembre, pero de 2014, asesinaron al ex alcalde de San Sebastián del Oeste, Efrén Álvarez López. En todos los casos, el hedor de los asesinos apunta a miembros de la delincuencia organizada.

Acá en Puerto Vallarta, la sociedad, amigos y familiares, no perdonan ni olvidan la repentina desaparición del regidor, Humberto Gómez Arévalo. Fue en enero del 2015. Era regidor y desde esa posición entró en una confrontación, primera política, luego personal, precisamente con el ahora candidato a diputado federal, Ramón Guerrero Martínez. El tufo del diputado siempre rodeó la escena de la desaparición forzada del estilista, Beto del Infonavit. De probadas simpatías priistas, entró en una crisis de decepción cuando su partido hizo a un lado a su amigo Andrés González Palomera y caminó al MC. Su desgracia conoció e inició su relación política con “el mochilas”. Sabedor de los secretos, acciones y actos, más bajos y sucios del político de Ayutla, se fueron con él a la tumba.

La percepción de los vallartenses es despreocupada e inalterable. Se ha sabido habituar a la convivencia con los malosos y eso sí debería preocupar a las autoridades. Si acaso ese relajamiento se rompió cuando hace dos o tres semanas se efectuaron varios operativos y atraparon a supuestos responsables de levantar y desaparecer a dos agentes federales, hallados posteriormente ejecutados en Xalisco, Nayarit.

Si se trata de comparar Guadalajara con Puerto Vallarta, los estudios son contrastantes. En la última encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, el 68 por ciento de los tapatíos confesaron sentirse inseguros y apenas el 30 por ciento de los vallartenses respondió igual. Sin embargo, la percepción de los vallartenses ha ido hacia arriba: 60% (Dic. 2016), 69% (Mar. 2017), 71% (Jun. 2017), lo cual es una tendencia contraria a las cifras promedio en el resto del país.

Las últimas, son cifras pesimistas que advierten que en este, uno de los tres destinos turísticos más importantes del país, algo anda mal. Estamos a tiempo que nuestros políticos hagan suyo el problema y propongan políticas de estado, políticas de gobierno, que de aplicarse sean capaz de mitigar la crisis que ya aterra a jaliscienses y vallartenses. En dos semanas de campaña federal y campaña de gobernador, todos se hacen ciegos  y sordos.

Revolcadero

Los bien informados, nos dicen que todo sigue igual en el Partido Revolucionario Institucional y que la planilla sigue inamovible y no se le abre espacio al hermano Saúl Ginez. Acordémonos que el mismo día del cierre de registro de planilla, se intentó hacer algunos ajustes. Eso incluyó  mover a los “hombres”, del tercero al quinto, a Eliseo Aréchiga Castillo, Pedro Lorenzo García, del quinto al séptimo lugar, del séptimo al noveno a Alberto “el púas” Noriega Díaz y, del noveno, dejar fuera a Lino Ortiz Muñoz. La jugada fracasó debido al golpe a los intereses de Rafael González Pimienta y sus hijos, Rafita y Chavita, quienes armaron la revuelta pues se atentaba contra dos de sus protegidos, “el Cheo Aréchiga y Lino Ortiz. Quitar de la tercera y mandarlo a la quinta posición, era como condenar a Aréchiga quedarse sin regiduría en una elección que con Roberto González de candidato a alcalde, las probabilidades de ganar son de cero a nada. El PRI apuesta a mantener las tres regidurías obtenidas en el 2015 e inclusive, hay quienes auguran que pudiera ganar solo dos espacios en el Ayuntamiento 2018-2021. Total, que el PRI parece apostar al tiempo y acabar con batear al hermano Saúl aunque ello implique romper el acuerdo político con la Luz del Mundo, mismo que es auspiciado por Ramón “el mochilas” Guerrero. Habrá que añadir que el nuevo dirigente estatal del tricolor, Ramiro Hernández García apenas llegó y retomó el caso de los hermanos de la Luz del Mundo y su alianza.****** Quienes ya armaron la cámara húngara son los señores, o más bien señoras, las del Partido Encuentro Social. Que se van al Tribunal Electoral y acusan a sus coaligados, los de Morena, de no cumplirles el acuerdo madre de la coalición electoral. Días antes de la última fecha del registro de planillas, el 15 de marzo, se dijo en este espacio que Morena había concurrido al IEyPC a registrar una planilla con puro “moreno” y nadie del PES ni del Partido del Trabajo. Para esas fechas, la representante del PT, Corina Naranjo ya había confiado a sus amigos que temía el incumplimiento de Morena pues debía dar dos regidurías al PT pero no le daban la cara, se le escondían y se hacían ojo de hormiga. Pero al PES llegó brava, Carla Esparza Quintero; fue a reclamar a los de Morena, estos quieren batearla y les responde con encaminarse al Tribunal Electoral para reclamar sus derechos. Si tiene resultado en una de esas, los magistrados electorales echan abajo la coalición, como ocurrió con la alianza parcial PAN-PRD-MC. Total, que las “fifís vallartenses”, Carla Esparza y Laurel Carrillo, ésta candidata morena a alcalde, libran sus propias batallas del ego. ******* Nos preguntó un lector de Valle de Banderas de si competirá o no en esta elección un candidato al que antes le apodaban “el gato miado”. Es en serio. Se refería al contador Héctor Paniagua Salazar quien para aquella campaña se hacía llamar “el jaguar”. Le debimos decir a nuestro amigo que ese apodo se lo endilgaron reporteros que en aquella elección, la del 2014, apoyaron a José Gómez Pérez, quien ya en el ejercicio del poder, se distanció de varios reporteros aliados. El rompiendo total ocurrió cuando el PRI designó a Héctor Santana candidato a alcalde y desdeñó al alcalde Gómez. Con José Gómez de candidato a diputado federal, y Héctor Paniagua su principal adversario, aquellos reporteros se alinearon al “Jaguar”. Y como por arte de magia, se olvidaron del “gato miado” pues son los porristas. Vueltas y vuelcos que da la vida.

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