CONTEXTOS: De fiesta en Las Cañadas por su dispensador de agua

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Por Gerardo Sandoval Ortiz

El caserío se construyó en la anarquía total, sin servicios de ningún tipo, sin trazos de calles, en lomas y arroyos, con el visto bueno del fraccionador Oscar Pimienta Torres.

Es Campestre las Cañadas, una colonia situada entre cerros y  montes, y la cañada donde nuestro amigo “el cuate” cría sus chivos. La calle avenida de Las Garzas, misma que para el proyecto macrourbano la ubican como Avenida Federación, es la arteria principal del asentamiento.

Campestre las Cañadas es desde su nacimiento, hace dos décadas, uno de los muchos fraccionamientos irregulares de la ciudad. Ahí viven unas 500 familias. Sus habitantes, primero una o dos decenas de familias, le batallaron para “hacer vida”. Carecían de todo, de agua, de drenaje, de energía eléctrica, de una calle para entrar y salir a sus casas. Vaya, ni siquiera había trazos de las calles y para salir, caminaban hasta una hora hasta Mojoneras o Ixtapa y desde ahí abordar algún camión urbano que los llevara a sus centros de trabajo. Por las noches aquello era una boca de lobo. Vivieron en la oscuridad total. Nadie, si acaso algún cazador trasnochado, caminaba por las noches en esos alrededores.

A principios de año se anunció la rehabilitación de la Avenida México, conocida por los lugareños como carretera Ixtapa-Mojoneras. La circulación se cortó una mañana y así permanece. La vía alterna fue el callejón entre el cerro que cruza Las Cañadas. Eso permitió a muchos “descubrir” la colonia creada por el empresario en el ramo de la venta de tierra, Oscar Pimienta Torres. No es exageración presumir que para casi todos los vallartenses, hablar de Campestre las Cañadas es hablar de nada.

Pues bien, hará cosa de unos diez días hicimos la ruta a Las Cañadas. Ya era de tarde. En algún momento y ya en el corazón de la colonia, nos llamó la atención ver vehículos con el logotipo del Seapal. Había fiesta en Las Cañadas. El equipo del director de la paraestatal, César Abarca Gutiérrez estaba inaugurando otro aguamático. Hicimos un alto, saludamos a los amigos de Cañadas, tomamos algunas notas y seguimos el recorrido rumbo a El Pitillal.

En pocas colonias como en Campestre las Cañadas las familias agradecerán que a la esquina de su casa, a su barrio, les lleven un dispensador de agua en garrafón, apta para el consumo humano. También las familias del fraccionamiento Campo Verde pueden beneficiarse del aguamático. Los habitantes lo más alto de la colonia La Mina y a quienes viven en las casas levantadas entre el plantel Conalep Ixtapa, también deben ser anotados entre las familias beneficiadas.

Es probable que a estas alturas la población de Puerto Vallarta no asuma la dimensión real de la importancia del programa puesto en marcha por César Abarca desde el Seapal. Cuando hay abundancia en casa, en los exclusivos desarrollos residenciales del destino, en las familias bien acomodadas, en la clase que viven en jauja, no es nada gastar 25 o 30 pesos en un garrafón de agua purificada, de agua de la mejor calidad. Acá en las colonias populares no es fácil destinar diez o quince pesos para comprar el garrafón llenado en la dizque purificadora de agua de la esquina. Y si el Seapal nos regala con la incuestionable garantía  de beberla sin riesgo alguno, claro que los vecinos le organizamos fiesta si viene y nos instala el dispensador en el barrio o en la colonia más remota, en el caso referido hoy, en Campestre las Cañadas. Si acaso debemos reclamar a César Abarca negarnos el derecho de suscribirnos en el padrón de beneficiarnos de los aguamáticos. Le rechazamos su invitación de una silla en la lista de invitaciones especiales y se lo cambiamos por la tarjeta de acceso al programa.

Parece que fue ayer cuando fuimos al fraccionamiento Los Tamarindos y atestiguamos la fiesta por el arranque del aguamático en Ixtapa. Aquel jueves 6 de abril consignamos la algarabía de los vecinos. Una vecina, activista por cierto del Movimiento Ciudadano, todavía nos habla de lo bondadoso del programa y hasta nos invitó a inscribirnos. Con esto último pretendemos decir que en esto del aguamático lo de menos es el partidismo y lo relevante está en el beneficio que se lleva a las familias más pobres. Así como se le aplaude al presidente municipal Arturo Dávalos Peña por el arreglo de una calle, a César Abarca también le agradecen por sus aguamáticos. Y coste, esto es aparte de introducir drenaje o llevar el agua entubada a muchos fraccionamientos.

En Campestre las Cañadas solicitamos datos respecto al programa. Ya vimos que hasta boletín de prensa circuló. Entendemos que el equipo de prensa del Seapal debe de trabajar que además, no es malo informar al pueblo.

De las estadísticas podemos destacar, y eso según cifras de la paraestatal que son unas ocho mil familias las beneficiadas por 16 aguamáticos. Que para fines de año sumarán una treintena de dispensadores. De alguna manera obtuvieron un dato acaso sugerido párrafos arriba. Sostiene el Seapal que cada familia gasta 100 pesos a la semana en la compra de garrafones de agua. Por ahí multiplicaron y sacaron la cifra mágica de 800 pesos. Ese es el gasto bimestral. No es un número que asombra. Es simple y llanamente un gasto fuera del alcance para cientos, miles de familias. 800 pesos es un monto que muchos que publican su foto en el feis lo gastan en una sentada. Lo sabemos porque publican la foto, por cierto, también son tachadas por los no pudientes muchos como, auténticas bofetadas. Ojalá y no sean esos los que reclaman y exigen el retiro de programas como el de los dispensadores de agua.

Citemos las ubicaciones de algunos aguamáticos. Uno de los primeros se abrió en la colonia Buenos Aires; hay otros en Agua Azul, un tercero en Los Ramblases. Quienes conocen dichos asentamientos saben de las necesidades, sino de todos, sí de la mayoría de las familias en esas zonas. En el Infonavit y en La Aurora, dos de los fraccionamientos de interés social más poblados también tiene sus “llenagarrafones”. En El Coapinole, Lomas del Coapinole, Villa de Guadalupe, Las Juntas, Guadalupe Victoria y en Mojoneras tienen el beneficio. De los últimos abiertos, citemos el de la colonia Magisterio, el de Las Palmas y el referido aquí, el de Campestre las Cañadas.

Ni le busquemos más. En las colonias citadas, si acaso alguna excepción, no viven familias de clase alta, media alta, media, media baja. No. Nada de eso. Son familias que agradecen si van y les llevan un ladrillo o un saco de cemento. Les agrada y agradecen cualquier apoyo. En su momento se dijeron agradecidos por apoyos en material para construir, mejorar, rehabilitar o remodelar un cuartito. Quienes han sido beneficiados, se dicen agradecidos con Arturo Dávalos. Pero les disgusta cuando los engañan o cuando los defraudan, como cuando días atrás “el cachis” fue a sus casas a decirles que había un “lote” de diez mil pesos a regalar a quienes acudieran a un evento en donde iba a estar Ramón Guerrero “el mochilas”.

Acá lo vamos a sostener. Más allá de las instituciones, de cualquier dependencia de gobierno, federal, estatal o municipal, todo programa de ayuda o asistencia social es bienvenido en las colonias donde viven las familias más vulnerables. No se trata de que nos conste o asistimos a un evento en donde le aplauden, en este caso a César Abarca. No. Conocemos a muchas familias, fuimos y platicamos aquel día y conocemos las carencias y condiciones en las que viven cotidianamente. Ellos no piden desparezca tal o cual programa de apoyo. Al contrario, demandan más programas. En las colonias populares no saben que es el paternalismo. Saben de la necesidad de los apoyos, de quien venga, y lo van a agradecer. Les enoja, les indigna cuando saben que alguien desde la comodidad de su hogar u oficina demanda, patalea, cuestiona, la “ayuda” en sus colonias. Si acá no hay dinero para pagar un garrafón de 30 pesos o uno de 10, menos su pomo bonafón de a litro en el Oxxo, y si su organismo se adaptó a beber agua de “la manguera”, pues cómo no aplaudirle y agradecerle a Cesar Abarca si les llevó el expendio del agua engarrafonada. Acá en las colonias nadie tiene segura la salud y menos su economía diaria. Así de simple.

Revolcadero

Nuestra intuición nos dice que de algo nos perdimos estos cinco días de ausencia. Al incursionar en la aldea global de las tres sociales, ándale que leemos uno, dos, tres, o más comentarios cortos de Carolina Gómez Aguiñaga. Que no se nos haga costumbre citarle pero pues se nos aparece en la pantalla de nuestra computadora. Qué le vamos hacer. Trae cortito al regidor, Gonzalo Guzmán Delgado. Confirmamos que este regidor, surgido del panismo es cliente de los espacios informativos. Que por ahí tiene a una “aviadora” de su protegida. Caro, como es conocida nuestra, exprimió el tema y aportó información de quien resultó ser aquella nutrióloga, María José Cervantes Vargas, laureada y reconocida por Gustavo Fong Patiño, el mejor jefe del MC, en informe anual de actividades hace dos semanas. Así, con “gastos pagados”, hasta yo voy y le doy sus cursitos a las amigas y amiguitos del chino Fong y de Gonzalo.****** Otro cometario retrasado, pero ad hoc con el anterior, tiene que ver con el alcalde Arturo Dávalos Peña. Ante la proximidad del arranque del calendario electoral 2017-2018 declaró que varios funcionarios deberán separarse de la administración municipal. Nadie lo apuró pero mencionó que el primero en irse sería precisamente el que le despacha asuntos de la cartera de negocios, promoción económica o algo así. Fong va de escándalo en escándalo y por más que lo desee, Arturo Dávalos no puede desvincularse de Fong ni de sus escándalos. Bien hará Dávalos si toma en serio sus propias palabras. ****** Y a propósito del “mayor” de la ciudad, es grave que también él acumule sus yerros, los propios, los ajenos, los de sus amigos y los de sus operadores políticos. Con cierta incredulidad hemos escuchado en la última semana muchas historias y diversas versiones ocurridas en el entorno que rodea a Arturo Dávalos. Es para que se preocupe, se ocupe y se dedique a darle una pizca de atención a puntos de vista más allá de quienes nos dan la impresión de que lo tienen de rehén. A veces se deja ver como aquel Pedro Ruiz Higuera del que decía su secretario general (el ya finado, Víctor López Terrazas) que Pedrito no se dejaba ayudar. Varios de nuestros amigos le han sugerido al alcalde la urgencia de actuar, de tomar una decisión, en tal o cual asunto. ¿Y qué dice el alcalde? Preguntamos. “Tiene miedo”, nos responden. En una próxima oportunidad, vamos a hurgar en esos temas que les tiene pavor Arturo Dávalos. Nosotros le podemos añadir que una autoridad miedosa, medrosa, temerosa, zacatona, no aporta ni ayuda a sus gobernados.

 

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