CONTEXTOS: “El junior” y “Pepe”, dos víctimas del salvajismo

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Por Gerardo Sandoval Ortiz.- Alertas y focos rojos realmente no se han apagado en meses pero los vallartenses no se acostumbran a vivir entre el miedo y la zozobra propia de la violencia extrema. Los especialistas en el tema parecen coincidir en haber sido el “levantón” de un grupo de clientes del restaurante La Leche, entre ellos a los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, cuando se percibió un repunte en los índices delictivos que no tiene fin.

A temprana hora de la noche del jueves, a una cuadra del concurrido mercado de Ixtapa, una cuadra adentro del fraccionamiento Los Tamarindos se reportaron balazos. En un andador que va a la esquina de las calles Faisán y Pavo  Real hallaron tirado en la banqueta a un individuo. En esa zona de dicha demarcación se le conocía como “El junior”. Como se estila en esos casos, en minutos el sitio se convirtió en un hervidero de uniformados, municipales y estatales, marinos y militares. Ellos levantaron testimonios y concluyeron que ahí hubo un atentado contra otros sujetos sospechosos de tener en cautiverio a otras dos personas en el interior de una finca.

“El junior”, un vecino de la colonia La Esperanza, era un jovencito que apenas rebasaba la veintena de años pero de largo y negro historial bastante conocido en los vecindarios de Ixtapa. Era una pieza más del grupo que domina la zona. Apenas había podido salir libre al cabo de una estancia de unos tres o cuatro años de permanecer en las sombras. Su presunción de siempre era haber sido detenido en el cerro fajándose a balazos contra los guachos. En su estadía en el Ceinjure de Ixtapa se le conocía por “mover” dinero de la empresa. A él lo mataron. Lo cazaron cuando hacía labores de custodia a dos “levantados” o secuestrados.

Pero ha sido un homicidio perpetuado en la céntrica colonia Versalles, lo que tiene en total conmoción a buena parte de la sociedad vallartense. A eso de las tres y media de la tarde trascendió el asesinato de una persona dentro de una camioneta color blanco estacionada atrás del bunker de la empresa de traslado de valores PanAmericana, atrás del complejo donde antes funcionaron salas de cine y hoy alberga una universidad privada. Buena parte de esa tarde la avenida Francisco Villa fue un ir y venir de patrullas de la fuerza Única, ambulancias y un intenso patrullaje.

En los dos casos citados arriba nada se supo de móvil ni tampoco se sabe si hubo detenidos. Sospechosos tampoco.

Cuando se supo que el asesinado en la colonia Versalles era José de Jesús Bernal Romero, conocido entre los suyos como Pepe, media ciudad se sintió sacudida por el coraje y la impotencia de observar sucesos que lesionan a uno de los suyos.

“Pepe” Bernal Romero era miembro de una familia respetada en la ciudad. Su hermano mayor, Alfonso Bernal Romero se desempeñó apenas en el trienio 2007-2009 como síndico de la ciudad, mismo cargo al que aspiró en las elecciones pasadas, en fórmula con Andrés González Palomera, en el proceso del año anterior.

En el transcurso de la tarde de este viernes, algunos amigos nos preguntaron si conocimos a la víctima. La primera vez que cruzamos saludo fue en aquella etapa de permisionario de camiones urbanos. Era del grupo liderado en los primeros años de la década de los 90 por el ya finado Crescencio García Ortiz. Al lado del también ya desparecido Hugo Gómez Mariscal hizo carrera al mando del transporte urbano. Ellos y también Sergio López el motejado como “El güero gallo” y actual dirigente, han controlado a la Unión de Permisionarios con sede en la calle Ecuador, casi frente al UNIDIS.

Nadie atina a decir, tampoco a sospechar, que “Pepe” Bernal estuviera en malos pasos. Aún mas, dado el estado en que fue hallado en el interior de la cabina de su camioneta blanca, recostado en el asiento de piloto, no se ven indicios que permitan pensar siquiera que ha sido un hecho atribuido a profesionales, a la delincuencia organizada. Su carácter y personalidad estaban lejos de asociarse al perfil de una persona conflictiva. Es casi seguro que las indagatorias apunten a causas propias de un atentado pensado y planeado.

Más allá de los dos homicidios ocurridos en las últimas horas, lo cierto es que la profunda preocupación de la sociedad tiene sentidas bases. Pesan y duelen en la economía de las familias los delitos patrimoniales pero hay registro de sucesos que causan lesiones que dejan mella en los vallartenses y el ocurrido la tarde del viernes es uno de ellos.

Atestiguar en el barrio un asesinato, enterarse que al otro lado de la ciudad otros sucesos de sangre, atemorizan y aterrorizan, causan miedo y provocan ansiedad en la ciudadanía en grado enfermizo. Si la violencia continúa al alza y los responsables de combatirla no ponen freno, el daño será de proporciones mayúsculas. Vivimos en un destino de total vocación turística y sería el visitante el primero en reaccionar rehuyendo venir a Puerto Vallarta. Ahí está el caso de Acapulco destrozado por la salvaje violencia impuesta por grupos de mafiosos. En el puerto guerrerense se matan a plena luz del día, en el malecón y la playa; pero se empezó como acá, con atentados en colonias populares y esporádicos ataques en las zonas turísticas que tanto impactan al turista y animan a furibundas críticas del visitante contra la imagen del destino.

Apenas el lunes 21 de noviembre removieron a Jesús Rodríguez Campoy del mando de la policía municipal y lo sustituyó Jorge Antonio Hernández Valencia. Desde el primer día han sido puesto a prueba el nuevo comisario y casi tres semanas después no se percibe haya puesto su sello personal en la seguridad de la ciudad. En otras palabras, a tres semanas de estrenar el municipio nuevo mandamás preventivo, Valencia no ha sido capaz de detener la violencia y crece el fantasma de la ingobernabilidad en el área.

La gran deuda del alcalde Arturo Dávalos Peña apunta al área de la seguridad y algo debe hacer para recomponer el rumbo perdido del que Hernández Valencia no ha podido reorientar el timón. Puerto Vallarta no debe convertirse en una ciudad donde los mañosos imponen su ley. Es urgente la mano dura aun si se trata de mandar a casa a policías que arrastran sospechas de vincularse a los malos y desentenderse de sus obligaciones con los buenos. Pueden empezaron con elementos incapaces de aprobar sus exámenes de control y confianza. También deben echarle ojo a los listados de elementos que han salido positivos en exámenes de antidoping. Eso de permitir y tolerar que los gendarmes laboren dopados también es solapar actitudes criminales.

Revolcadero

Ocurrió una semana atrás. Dos grupos de pocos miembros discutieron y aparecieron armas. Dos hermanos estaban en desventaja. Iban sobre uno de ellos. El mayor dio la cara y gritó “si vas a matar a mi hermano, mátame a mí”. El otro le contestó: “Seguro. Eso quieres…”. A la respuesta en sentido afirmativo, el malo jaló el gatillo. Aquello fue un encuentro de malosos. Nadie habló nada y el incidente no trascendió más allá del círculo interno pero varios policías activos, estatales y municipales, se enteraron de la historia y sus actores. Citamos el caso por tratarse de un ejemplo que hace confirmar que es posible que en Puerto Vallarta se maten grupos de civiles, que “nadie se entere” y no pasa nada.****** Diego Franco, el director de Desarrollo Social y una paisana oriunda de San Felipe Aztatán, son los protagonistas de la boda del año. Ya ni nos acordamos cuando verbalmente se nos invitó. Pero nosotros preferimos fiestas de rancho, la de potrero y parcela. Eso sí, lamentamos decirle a tan noble matrimonio que ni por asomo le hacen sombra a la fiestona de la quinceañera Rubí. Hasta en las fiestas hay niveles.***** El Congreso de Morelos aprobó destituir al ex futbolista Cuauhtémoc Blanco de la alcaldía de Cuernavaca, la capital de dicha entidad. Un recurso legal le permitirá mantener temporalmente el cargo pero la decisión de los diputados ya se tomó. Aquel hecho nos parece distante pero no por eso debemos dejar de razonar sobre el mismo. El ex estrella del club América se peleó con toda la clase política, con sus dirigentes del Partido que lo postuló y lo llevó aganar la presidencia municipal de Cuernavaca. Se confrontó con sus regidores. Peleó con el gobernador de extracción perredista Graco Ramírez. Decenas de empleados lo acusan de haberlos despedido sin justificación alguna. Nos quedamos con la impresión de que “El cua” es un fracaso y ha sido un infame experimento en la política.

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