El regreso del odiado “Mochilas” y el airado repudio a Alfaro

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

En uno de estos aciagos y otoñales días trascendió la noticia de que Ramón Guerrero Martínez amarró chamba en la próxima administración estatal. Enrique Alfaro lo contempla para ser su Enlace de Programas Sociales entre el estado y el gobierno federal. Un equivalente pues a “subsecretario”.

Apenas se enteraron los vallartenses y se hizo sentir en las redes sociales un airado repudio a las intenciones del gobernador electo. La advertencia llana a Alfaro es un “te acordarás de nosotros si lo incluyes en tu equipo de gobierno”.

¿Qué pecado tan grave cometió Ramón Guerrero que los vallartenses no le perdonan?

En principio, el rechazo no es al partido que en 2012 postuló a Guerrero Martínez candidato a la alcaldía y los electores le confiaron su voto para gobernar la ciudad. En contra de los pronósticos, el Movimiento Ciudadano se impuso al PRI, partido que había ganado las últimas tres elecciones previas, desde 2003.

El motejado “mochilas” pudo ganar las elecciones del 2015 pero en el pasado julio, cuando pretendía hilar su tercer triunfo en las urnas, fue derrotado estrepitosamente por una desconocida maestra propuesta por el Morena. El tropiezo vino precedido por una agresiva campaña interna, una reacción espontánea al proponerse ser candidato a alcalde y combatir dentro del MC a Arturo Dávalos.

El pecado de “el mochilas” tiene que ver con su catastrófica gestión al frente del gobierno municipal. Fue alcalde de octubre de 2012 hasta marzo de 2015, cuando pidió licencia para competir por la diputación local. Hasta el último día fue de escándalo en escándalo. Mereció acusaciones de supuestos y presuntos actos de corrupción, abusos y atropellos, excesos y despilfarros del dinero de los vallartenses.

Pero también erró en sus decisiones políticas y su reto personal a Dávalos Peña marcó su total repudio y la consabida derrota el pasado primero de julio.

Hasta aquella campaña local de 2009, Ramón Guerrero era un auténtico desconocido. Competía él por la diputación local y por los colores de Partido Acción Nacional. Pronto mostró ser un político ladino y le permitió abrirse espacios y se granjeó las simpatías del equipo de Ignacio Guzmán García, quien por el Partido Acción Nacional cumplía su sueño de ser candidato a presidente municipal. Perdió Nacho pero “el mochilas” ganó el distrito.

En aquellos tiempos la residencia de Ramón Guerrero era Ayutla. Apenas se instaló en el Congreso del estado y consiguió un departamento en un edifico en el exclusivo Amapas, propiedad de Armando Rodríguez Pedroza, uno compadre de Fernando González Corona. La ex senadora y abanderada panista a alcaldesa en 2003, Eva Contreras de González Corona apoyó al político de Ayutla.

Quienes conocían a “el mochilas”, decían de éste que en política se las comía ardiendo. Solo hasta mucho tiempo después se supo que en su paso por Ayutla también heredó descontentó.

Su trayectoria política ha sido meteórica. Hace ya 20 años fue secretario juvenil del PAN en su municipio natal. Del 2000 al 2003 fue alcalde. 2003 al 2005 diputado local por el distrito 18, éste con cabecera en Autlán, al cual pertenecía Ayutla. Su biografía oficial lo coloca como “asesor” del ayuntamiento de Autlán de Navarro y luego coordinador regional de la Secretaría del Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable del 2004 al 2005. Dos años luego agarró chamba en la Seder como director general. Alternó su cargo con la Secretaría de Acción gubernamental del PAN en su pueblo y también se incrustó en el Comité Directivo Estatal y en 2008 fue por primera vez consejero estatal.

Desde esas posiciones, en el partido y el gobierno estatal, se construyó su candidatura a la diputación local en el 2009 pero ahora por el distrito 05, cuya cabecera es Puerto Vallarta. Tres años después, de ahí saltó a la alcaldía.

El señor tiene formación profesional de algo relacionado a los medios de comunicación. Eso le permitió saber hablar hasta alcanzar niveles de ser tachado como un auténtico encantador de serpientes. Y vaya que en Puerto Vallarta tiene seguidores que con él se la juegan a muerte. Sin duda seguidores convenencieros pero muchos otros cautivados por su talento para subyugar, para seducir.

Ya mucho se han detallado los pecadillos que como alcalde cometió en agravio a los vallartenses. Eso de convocar a sesiones plenarias a los regidores se tomó como una afrenta hasta pos los periodistas. Hizo por costumbre convocar de madrugada pero también de media noche y no menos grosero era posponer su inicio, una, dos, tres o más horas después del momento citado. Hicieron época los bocadillos, por su precio alto y también por las deudas generadas.

Cuando en una sesión el regidor Humberto Muñoz Vargas le recriminó y le solicitó a corregir se desentendió de sus despilfarros en sus millonarios gastos de él y de sus colaboradores. Había prometido ser austero pero en su primer año gastó 350 mil pesos en apenas 17 vuelos privados. Es aparte de vuelos comerciales, cuyo monto fue mayor. Los registros mencionan al abogado Roberto Ascencio Castillo, su síndico, y a quien era secretario general, Antonio Pinto, como pasajeros cotidianos en las naves rentadas para traslados a la ciudad de México y a Guadalajara.

Al futuro jefe de Enlace de Programas Sociales del gobierno alfarista se le reclama con insistencia haber tirado a la basura un monto superior a los diez millones de pesos por un sistema de riego en la avenida Francisco Medina Ascencio. Todos coinciden en olores al tufo de la corrupción.

En las postrimerías de su gestión, antes de pedir licencia para irse a competir por la diputación local se cometió lo que es considerado como el peor de los atropellos a los vallartenses atribuidos a “el mochilas”. Esa es la desincorporación de casi dos decenas de bienes inmuebles del municipio para rematarlas y dizque obtener dinero para pagar deudas. Ahí también hubo una danza de decenas de millones de pesos y si hubo la corrupción aludida, sin duda hubo ahí la mano mochilista.

Al margen de las someras cita de arriba, fue mucho más grave la desaparición en enero de 2015, del regidor Humberto Gómez Arévalo. “El Beto del Infonavit” se distinguió por ser un activista defensor de las causas vecinales del Infonavit CTM y promotor del proyecto aspiracional de Andrés González Palomera. Cuando el PRI le cerró las puertas al ahora director del Seapal y ex regidor, aceptó a la cautivante invitación de Ramón Guerrero y abrazó la propuesta de armar un frente ciudadano y con las siglas del MC competir por la alcaldía.

Aquella decisión de vestirse de naranja acabaría por costarle la vida al estilista “Beto de Infonavit”. En las primeras de cambio se confrontó con su “líder”. Frontal y directo, el regidor no se midió en sus discusiones en público con “el mochilas” y se sumaron versiones de que en privado los deschongues rayaban en la violencia. Un jueves 15 de enero de 2015 por la tarde-noche, se perdió la comunicación y ya nadie supo de él. Las sospechas apuntaban invariablemente hacia la oficina de la alcaldía, donde despachaba Ramón Guerrero. En cuatro meses se cumplen cuatro años de su desaparición y no hay sospechosos ni detenidos.

Ya por último, acá nosotros siempre hemos considerado que la osadía de retar, reclamar y disputarle a Arturo Dávalos el liderazgo político le significó más desprecio de los vallartenses a “el mochilas”.

Por más de un año dentro del MC lidiaron una soterrada batalla que abrió un zanjón naranja y se apostaron, los pocos apoyando al de Ayutla, y los más en favor de Dávalos. Fue una apuesta temeraria propia de un error en el cálculo político de los mochilistas. Si conservaba ciertos apoyos en las colonias populares, ahí los perdió. Los amigos de Dávalos se encargaron de armarle una campaña que lo exhibió un día sí y otro también como un político golondrino sin arraigo ni compromisos por Puerto Vallarta.

El domingo 1 de julio, Ramón Guerrero fue atrapado por su realidad. Una desconocida maestra lo derrotó, a él y al priista César Abarca. Juró irse de Puerto Vallarta y lanzó el conjuro contra los desleales vallartenses por los que -según él- luchó para cambiar la historia.

Hoy, de la mano de Enrique Alfaro, está de regreso. Ya no entregado en cuerpo y alma a los vallartenses como presumía estar predestinado. Ahora trabajará para todos los jaliscienses. Por curioso que sea, ahora el reclamo y repudió se enfoca a Alfaro. Si éste vuelve a hacer campaña, el castigo será doble. Nomás por darle vida política artificial a odiado Ramón Guerrero. Así es el patasalada. No perdona.

Revolcadero

Abajo incluimos una tabla en donde se enlistan los viajes de Ramón Guerrero en avión, comercial y privado, pagados con dinero del pueblo. Más allá de si es refutable y debatible, con la mano en la cintura cabe considerar un derroche del dinero público. Del 6 de octubre de 2012, una semana antes de protestar como presidente municipal, al 20 de noviembre del siguiente año, hallamos un total de 17 vuelos privados. El costo más bajo por la renta de una aeronave es de casi 17 mil pesos y el más alto ronda los 25 mil pesos. Aeroméxico era la aerolínea del gusto del “mochilas”. Aeroméxico no se distingue por tener tarifas baratas. Solo hay un viaje por carretera. En ese año, se gastaron 615 mil pesos.****** Por cierto, ahora que mencionamos líneas arriba a César Abarca Gutiérrez, ex director del Seapal y derrotado candidato a diputado federal por el PRI, nos han platicado de él que anda bastante activo. Que en las últimas semanas lo han visto en lugares concurridos en diálogos con otros actores de la política local y regional. Nosotros de él solamente nos acordamos de la invitación a una charla de café. Lo consultamos para un escrito pero no se concretó la plática.****** Nos alegra que muchos vallartenses hayan descubierto el norte de Nayarit y sus municipios. Quienes por distintas razones conocían, Tuxpan, Ruiz, Rosamorada, Tecuala, Acaponeta, se encargaron de gritar que esos rincones existen y que desde hace dos semanas enfrentaron la amenaza de un huracán llamado Willa y las aguas de sus ríos los mantienen atrapados en sus casas y en albergues. Si, da gusto que empresas y familias se organizaron, recolectaron despensas, ropa, medicinas y sin saber los callejones, cargaron sus automóviles, camionetas y camiones de carga, y demostraron el espíritu solidario. En Tecuala y Acaponeta, la inundación fue apacible. En Tuxpan, la creciente fue violenta. Es en el último donde, todavía hay barrios anegados, agua y lodo. Los municipios de las zonas bajas de Tecuala, aun el fin de semana padecían lodazales. Eso no permita ninguna actividad, a no ser la de limpiar y limpiar calles y viviendas. Como nos dijo el padre Ricardo Carrillo, de la iglesia del Sagrado Corazón ahora en Tecuala y antes en Ixtapa, es una crisis que llevará a los lugareños dos o tres años en recuperarse.

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