Nicaragua y Venezuela, ejemplos del riesgo que corre México

0

CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz /

“Lloré cuando supe anoche que perdió (Daniel Ortega)” decía con dejo de pesar David Rojo Reyes aquel último lunes de febrero de 1990.

David Rojo es ahora accionista de la Compañía Periodística Subcaliforniana, CPS, que recién puso en marcha la radiofusora Radiante, y de la cual se presenta como vicepresidente. Es editor de Tribuna de Los Cabos y antes jefe de información de Tribuna de la Bahía.

Fernando González Corona es el presidente de la CPS. Es propietario del diario de Tribuna de la Bahía, parte de la CPS. La compañía Ediciones y Publicaciones Siete Junio S.A. de C.V. desapareció ya el último día de mayo.

Periodista de carrera, David Rojo disfrutaba presumir sus gafetes de periodista, particularmente de las veces comisionado a cobertura a conflictos de naciones centroamericanas. Uno de sus laureles era Nicaragua. Se definía como seguidor del comandante Daniel Ortega desde los tiempos de la revuelta contra Anastasio Somoza.

Daniel Ortega fue uno de los comandantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que el 19 de julio de 1979 pusieron fin a la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua y abrió la etapa de una breve era comunista, con una Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y luego en una etapa dictatorial con Daniel Ortega a la cabeza.

La Nicaragua del boxeador Alexis Argüeyo, del beisbolista Dennis Martínez es otra vez noticia internacional. Desde esa pequeña nación centroamericana lanzan el grito de auxilio pero la reacción de la comunidad es tímida.

A finales de abril brotó una revuelta social, encabezada mayormente por estudiantes. Al cabo de tres meses, ya se asoman a los 400 muertos. Entre las demandas destaca uno punto: Democracia.

Daniel Ortega aprendió perfectamente la lección de aquella elección de febrero de 1990, por la que lloró el periodista y socio de Fernando González Corona. Una elección democrática pondría otra vez en riesgo su gobierno.

En Nicaragua gobierna el matrimonio Daniel Ortega-Rosario Murillo. El primero es el presidente. La segunda es la vicepresidenta. Si a eso no se le puede llamar dictadura, no sabemos cómo llamarle a ese régimen. Pero ni comunista ni socialista es.

El movimiento socialista-comunista de Nicaragua es fascinante. En alguna visita a principios de los 80 nos llamó la atención una historia sobre el nombre de la escuela preparatoria de El Rosario, Sinaloa. “Comandante Víctor  Manuel Tirado López” es el nombre de aquella escuela. La historia no le rinde honor a éste popular personaje en el sur de Sinaloa. En Nicaragua es héroe. Hace ya 50 años que recorría los paisajes de Nicaragua y al lado de Daniel Ortega encabezó la lucha contra el dictador Somoza. En una primera etapa el comandante rosarino fue el responsable de los programas de modernización del campo y en los 90, fue diputado y líder del partido orteguista.

Al cumplirse en esta semana el aniversario 90, con los embates de las fuerzas leales al régimen en el legendario barrio indígena de Masaya. La operación “limpieza” de los paramilitares encapuchados pretende mantener en el gobierno a Ortega y su esposa a cualquier costo. La sangre derramada de indígenas en el aniversario atrajo la atención mundial y arrancaron voces de presión por la represión de la familia de la dictadura.

Desde la naciente Cuba comunista de Fidel Castro, Nicaragua estaba a la vista de las revueltas en América auspiciadas siempre por la desaparecida URSS, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El comandante Tirado, se hizo en el Partido Comunista de México y fue a Cuba a tomar capacitación. De paso vivió en Honduras y tiene registro en un grupo revolucionario en la costa del Atlántico. Varios comandantes del primer círculo de Ortega llegaron de Cuba.

Cuando Ortega se impuso a la Junta de Gobierno que sustituyó a Somoza, gobernó con una pandilla de comunistas puros. Empero parecían disfrutar de la indefinición ideológica. Cuando la presión internacional los encaminó a convocar a la elección de febrero de 1990, calcularon mal.

Los comandantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional estaban seguros de ganar la elección. Abrieron el proceso pero en serio. Facilitaron el registro de otros nueve candidatos, para ser diez en total. Sabían que la amenaza era Violeta Barrios de Chamorro, de la Unión Nacional Opositora. La carta de presentación de la opositora fue su trayectoria de periodista. Su esposo Pedro Joaquín Chamorro fue dueño y director del diario La Prensa, también opositor al dictador Somoza. Se educó en Estados Unidos y fue natural el respaldo de los gabachos. Obtuvo el 54.7% de los otros; Ortega el 40 y el resto, se dividió en los ocho restantes candidatos.

Las lágrimas del periodista veracruzano, David Rojo pudieron detenerse hasta 2006 cuando en la tercera intentona, Ortega pudo recuperar la presidencia de aquel país. Antes, perdió dos elecciones, las de 1996 y 2001. En 2011 y más reciente, 2016 logró reelegirse en elecciones generales y poco a poco el germen del descontento brotó hasta en las comunidades donde alguna vez fue considerado como un dios.

Pedir votar por él como presidente y por su esposa como vicepresidente, fue el agua que derramó el vaso. La fórmula es indicio irrefutable de la ausencia de democracia.

El excesivo uso de la fuerza pública, el envío de paramilitares encapuchados, y de militares que acribillaron a indígenas el pasado miércoles 18 acabó con la paciencia de la comunidad internacional de países.

Previo a decidir abordar el tema, una excepción periodística única en tres décadas de ejercicio, consultamos a un amigo experto en asuntos internacionales. Les inquieta pensar en el devenir inmediato de la política mexicana. Movimientos sociales como el de los Ortega y su pandilla en Nicaragua surgieron con todo el respaldo popular de los pueblos. El venezolano, Hugo Chávez gozó de incondicional apoyo en la petrolera Venezuela. Solo son dos ejemplos cuyos líderes en el ejercicio de su mandato se transformaron en una dictadura. Nicaragua y Venezuela son ahora naciones donde corren ríos de sangre. La crisis política abrió la zanja de la violencia y la pobreza.

Es cierto, México no es ni Nicaragua ni Venezuela. Pero lo que ocurre en aquellos países causan resquemores en México con el arribo al poder de un presidente, Andrés Manuel López Obrador cuya base de apoyo social mixta. Quienes han hecho ganar al tabasqueño intentan de todas formas y por todos los modos alentarlo al extremo, a exterminar a toda clase de “contras”. Se trata de radicales de la izquierda, quejosos del sistema, mexicanos decepcionados y frustrados, defraudados muchos de ellos de los partidos políticos, particularmente del PRI y del PAN.

En esa mezcla de la base social lopezobradorista que se asume ganadores duerme el virus de una cruzada intestinal de cuyas batidas podría emerger una tribu ganadora. Y la historia advierte del enorme riesgo que de las revueltas de sangre pueden alzarse victoriosos los más violentos. Si al final de las cenizas morenas se asoma ese engendro triunfador, el alzamiento derramará sangre. Y en medio estará el pueblo. Ese escenario no es deseo de nadie.

Revolcadero

Para la historia aquel discurso de Daniel Ortega transmitido por la televisión y radio de Nicaragua la madrugada de aquel ya lejano lunes 25 de febrero de 1990: “Quiero expresarles a todos los nicaragüenses y a los pueblos del mundo que el presidente de Nicaragua, el Gobierno de Nicaragua, va a respetar y va a acatar el mandato popular emanado por la votación en estas elecciones”. Aquel político que hizo llorar al amigo David Rojo vestía a su gusto: camisa floreada y lentes. Él nunca fue de ganar una elección. Por eso se convirtió en una figura igual o peor a la que él derrocó. Dictador.***** Los morenos seguidores de Andrés Manuel López Obrador aquí Puerto Vallarta se van a quedar vestidos y alborotados. Resulta que al no tener la constancia que lo acredite como presidente de México electo, cancela su asistencia para estar este lunes y participar la Alianza del Pacífico en calidad de “electo”. López Obrador dice que por el retraso de dicho papelito. Esa afirmación no es correcta. El calendario original estableció desde que la constancia se entregaría a quien se alzara ganador el 6 de septiembre. Dado el contundente triunfo sacó sus cuentas y pensó que se podía adelantar la entrega de su papelito y así podía venir a Puerto Vallarta. Existían condiciones para adelantar el trámite pues no hubo impugnaciones. ¿Qué pasó? Pasó que el aliado de Amlo, el Partido Encuentro Social no tiene otra salida más que impugnar la elección. Para el PES es la única puerta para procurar ganar más votos “en la mesa” y conservar su registro. ****** Por cierto, alegre se les vio en Guadalajara a Laurel Carrillo Ventura y varios de sus seguidores en estos días. Que fueron a recibir el papelito donde les hacen oficial que por el número de votos serán, ella regidora, y Cecilio López Fernández, Carmina Palacios Ibarra y el profe, Luis Alberto Michel Rodríguez, pues también serán regidores. Nos llamó la atención ver en los ojos de Laurel Carrillo que ella a su vez ve a Carlos Lomelí, no como un líder político sino como una deidad. Eso no es bueno.

 

Leave A Reply