Su derrota en Vallarta y la del “Mochilas”, un claro mensaje para Alfaro

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz /

Enrique Alfaro Ramírez está molesto. Cree que en la derrota de Ramón Guerrero Martínez en el distrito, y la suya ante Carlos Lomelí Bolaños en el municipio, es culpa Arturo Dávalos Peña.

A Alfaro le cuesta mucho aceptar que la derrota de “el mochilas” se cimentó en las acciones y decisiones, en los desaciertos, excesos y abusos que al amparo del poder cometió el político de Ayutla.

Tampoco entiende Alfaro que Dávalos se impuso al fenómeno de Morena en buena medida por un trabajo político y social de casi tres décadas. El resultado en Puerto Vallarta benefició a Dávalos por encima de la abanderada del Movimiento de Regeneración Nacional, Laurel Carrillo Ventura por trabajo y méritos propios, no impulsado por Alfaro ni por factores ajenos.

Una elección se pierde y se gana por aciertos propios o ajenos pero también por factores externos. Los asesores le fallaron a Alfaro desde que intentó imponer a Guerrero en la candidatura y fue por la firme decisión de Alberto Uribe Camacho, quien en calidad de enviado por el Movimiento Ciudadano, regresó a Guadalajara y le explicó finamente que Puerto Vallarta se perdería si se comete el error postular a Ramón Guerrero. Beto Uribe no toleró los destellos de Alfaro y se fue a Morena. El MC nominó a Guerrero candidato a la diputación federal y perdió frente a la maestra Lorena Jiménez de Morena. Dávalos fue candidato a alcalde y ganó con 20 mil votos de diferencia.

Cuando el cierre de campaña de los naranjas en La Lija, Alfaro cometió el error de tomar y levantarle la mano a Ramón Guerrero definiéndolo como el constructor del MC en Puerto Vallarta y pidió a los asistentes votar por él. Ese error se tradujo en votos en contra para él. A esas alturas Guerrero ya no podía perder más votos. Un señor de edad soportó estoico la llovizna y al cabo de vitorear a los naranjas, escuchó a Alfaro y se dio la media vuelta, echando mentadas contra Alfaro y Ramón Guerrero. El lado del autor estaba un candidato suplente del MC a regidor.

Un video permitió observar a un grupo de jóvenes que aparentemente de Ixtapa se transportaban en un camión a La Lija gritando cánticos de repudio a Guerrero.

Alfaro debería enojarse con su equipo de campaña. Medio Puerto Vallarta hizo público sin pudor alguno su rechazo a “el mochilas”. Fue fácil advertir que la diputación federal del MC corría peligro con Guerrero de candidato.

De ninguna forma se debe aceptar que Alfaro fue sorprendido por la ola morena. Él no pudo anticipar el voto masivo en favor del candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador y pagó el costo. Aquí el equipo de Arturo Dávalos se adelantó a ello y maniobró de tal que redujo al costo y aprovechó las debilidades de Laurel Carrillo. Ocurrió que en la campaña Laurel Carrillo incurrió en error tras error y con el agregado de tener infames asesores, cerrarle el paso fue como quitarle un dulce a un niño.

Pareciera que en Puerto Vallarta hubo un voto diferenciado. Si ocurrió así, eso no definió el resultado final. No al menos influyó decididamente el cómputo de todas las candidaturas. La derrota de Ramón Guerrero se decidió mucho antes de la campaña, por sus yerros y la necesidad del MC al postularlo.

En el MC hay responsables y el principal es Enrique Alfaro. Al colocarse en posición de ganar la gubernatura con antelación, Alfaro quedó atrapado en la infaltable egolatría que abre paso a la soberbia y arrogancia propia de quien se cree el elegido. Al anteponer los intereses grupales por encima del clamor de los vallartenses que le demandaron cortarle las alas de Guerrero, Alfaro llevó al MC y a “el mochilas” a la derrota de la diputación federal. Alfaro no lo ve pero también hubo costo para él y la prueba es la suma de votos. Carlos Lomelí lo derrotó en Puerto Vallarta porque a él culparon de darle vida política artificial.

¿Por qué, si perdió Alfaro y “el mochilas”, ganó Luis Munguía y Arturo Dávalos? Ya arriba se exponen algunas razones. Dávalos se ganó la reelección por tener toda una vida, por tener todo el arraigo, ser patasalada legítimo y ser buen vecino. Media vida Dávalos la ha dedicado a hacer política y su alta votación en las dos elecciones son indicativo de hacer un trabajo aprobatorio. Munguía no está a la altura de Dávalos pero su estampa de galán de telenovelas, aunque manchada por sus bacanales, le alcanzó para ganar la diputación. Conste, ganó porque Morena le puso a un desconocido, a Bruno Blancas, que desde la hamaca hizo dizque campaña convencido de ser arrastrado a la victoria por el fenómeno AMLO. Perdió la elección pero será diputado local por la vía del repechaje.

Quienes conocen a Enrique Alfaro y también a López Obrador, nos habían dicho que los dos señores poseen una personalidad parecida. Caben en el estigma de ser mesiánicos. Pero desde campaña enseñó sus cartas, los nombres de quienes irán a su gabinete. El tabasqueño no muestra intenciones de ocultar los preparativos del relevo presidencial y el diálogo con su adversario, José Antonio Meade es la última señal de su voluntad de reconciliación.

Del lado de Alfaro nadie sabe nombres de prospectos a su “gabinete”. Si se considera lo último, los tiritos intercambiados esta semana con Carlos Lomelí, se deduce que Alfaro no tiene intenciones de acercarse y reconciliarse con quienes fueron sus adversarios. AMLO mostró la humildad del buen vencedor. Alfaro exhibió la arrogancia del mal ganador.

Si nos atenemos a las acciones de Alfaro no debemos asombrarnos si en Puerto Vallarta nombra a Ramón Guerrero en una posición clave. Bien puede ser la dirección general del Seapal o la oficina de representación del gobierno del estado. Estamos de acuerdo que López Obrador no toma la mejor decisión enviando a Carlos Lomelí a ser coordinador de los programas federales. Está visto que estos señores, Alfaro y Lomelí, jamás harán equipo en bien de los jaliscienses. A ellos los ciegan sus batallas del ego y la vanidad.

Colocar a Lomelí en la posición de virrey o vicegobernador atenta con la reconciliación que en otros niveles impulsa Obrador. Que Alfaro mande a Puerto Vallarta en un cargo de mando es de tan alta perversidad como la de AMLO. Si Alfaro no entiende el mensaje de los vallartenses en las urnas y regresa a “el mochilas” en funciones de “vicepresidente” o “delegado administrador” de programas estatales, será él quien pague el costo en las elecciones intermedias.

Bonitas estampas vamos a atestiguar acá en Puerto Vallarta. Como mínimo se moverán dos “reyecitos”, el designado por Alfaro y otro representando los intereses de Lomelí, los dos con manojos de expedientes en manos anunciando obras por todos los rincones de la ciudad. Si cumple a cabalidad su promesa de campaña, aquí al otro lado del río habrá otro reyezuelo, el futuro titular del Fonatur, cuyas oficinas estarán en la pomposa Riviera Nayarit.

En los siguientes tres años se escuchará por todos lados el “te lo dije”, dedicado a veces a Alfaro, a veces a don AMLO. Morena en el gobierno federal puede consolidarse para el 2021 pero también correrá riesgo de debilitarse. En la misma balanza estará el MC en Jalisco. Una de estas dos fuerzas habrá de caer en el ánimo del electorado. Alfaro ya dio luz de hacia dónde apuntará su estrategia. Su apuesta es a ganar todo o a perder todo.

Revolcadero

Si Enrique Alfaro desaprueba la designación de enviar a Jalisco a Carlos Lomelí, él debería borrar de la lista de prospectos naranjas que no han sabido granjearse y que tienen un alto porcentaje de rechazo ciudadano y porque también se han distinguido por ir a contracorriente de las decisiones del alcalde reelecto, Arturo Dávalos. En esa lista negra se debe colocar al ya señalado Ramón Guerrero Martínez, a Susana Rodríguez Mejía, Bellanni Fong, Melissa Madero, y varios etcéteras. Si de veras no quiere causar problemas de gobernabilidad Alfaro no debe colocar a ninguno de los personajes citados arriba. Empero seguro estamos que no habrá vallartenses que se amenacen ni se opongan a su decisión. Estará en su derecho y será su facultad, y a lo mismo apelará don AMLO. Que al final, si provocan el caos, ellos pagarán el costo político ******Como que Puerto Vallarta y la Bahía de Banderas tienen alguna magia y atrae a personajes que aparecen presentados como malosos de alcurnia. Esta mañana presentaron en la capital del país a un supuesto capo del Cartel del Golfo.  Como nadie lo conoce, no de rostro ni por su nombre, bien pudo “el comandante viento” sentarse en una mesa del restaurante al lado del pastor o ministro, del político o empresario y no se dieron cuenta. En la lista de apodos hay “cuinis”, “bety la fea”, “ingenieros”, “contadores”, “panchito”, “fuero”, “comandante”, “Comandante viento” o “pantera 16”, operadores y jefes de plaza de todos lados y de todos los niveles. Eso en los últimos años. Si retrocedemos tres décadas, hallamos que a finales de los 80, en una casona frente al hotel Sheraton atraparon a Ernesto Fonseca Carrillo, el famoso “Don Neto”.****** Por cierto, dimos vista de dos videos en donde se aprecian dos caravanas de camionetas circulando en puntos de la sierra de Nayarit. Ninguna autoridad ha confirmado ni negado con firmeza la existencia de esas caravanas con empistolados hasta en sus cajuelas. Lo que nos consta es el patrullaje de pistoleros que en municipios del norte de Nayarit vigilan territorio. Eso es sabido por cualquier parroquiano. En las rancherías se sabe quién ganó las batallas por la plaza en Nayarit, quienes mandan en determinados municipios y hasta se saben apodos y nombres.

 

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